martes, 10 de abril de 2012

Capitulo #4.-

Caminamos hasta llegar hasta la orilla del rio , tomo algunas piedras y comenzó a lanzarlas. No hablábamos, nada. Ella no decia nada, yo solo observaba. De un momento a otro, se quitó el polerón, y la miré extraña...

-Nos lanzamos?- miró soriente, esperando que yo asintiera.-
-Estás bromeando, verdad? Está fría...-
-Y? siempre lo está, si esperamos a que un día no lo esté, para ese día, ya estaremos muertas.-
-Buen punto, pero... encerio quieres nadar?- me abracé a mi misma, dando una señal de frio y luego me quité el polerón- Dios, estas loca.-
-Si lo estubiera, no estarías quitándote la ropa también-dijo mientras terminaba de quitarse el pantalón y se lanzó al algua.-

Me quité la camiseta,  los pantalones, y luego enrollando los brazos en mi cuerpo, me lancé sin pensarlo. Estaba fría, muy fría. Podía llegar a mis huesos, lo helado del agua, me estaba congelando. Comencé a mirar hacia los lados y no logré divisar a Sophie por ningun lado.

-Sophie?... - dije un tanto alarmada-
-Bú- salió por debajo del agua-
-Tonta- le lancé agua con mis manos-
-Vámos sígueme... -
- A dónde vamos?- pregunté completamente intrigada-
- Acompáñame, te gustará...-
-Pero como, iremos nadando? - pregunte sorprendida-
- Sí, no es mucho. Ves esa orilla de allá? Es a dónde tenemos que llegar.- Además, no está hondo, podemos caminar.-
- Caminar. Si, caminar. Llegaré horriblemente cansada.-

Al final de todo, nos fuimos por el lado dónde el agua no sobrepasaba nuestros tobillos. El camino fue largo, pero llegamos al acantilado, dónde se podía ver todo. Hasta pequeños animales correr por el medio del bosque.

- ¿Te gusta? - preguntó-
- Sí, es grandioso, pero solo hay un detalle... -respondí-
- ¿Cuál? - levantó ambas cejas-
- Mis pies están mojados - reí -
- Me asustaste, creí que... olvídalo. Se secarán pronto... además debemos volver-
- Que creíste? - pregunté intrigada -
- Te has sentido atraída a una chica alguna vez? -
- No... porqué lo dices? - Desde niña me habían enseñado que eso iba contra las reglas, que estaba mal visto, y que podría causarme problemas. ¿Porqué me ha de preguntar eso? -
- Es que... nah, olvídalo - sonrió y se dió la vuelta -
- ¡Dime!... - insistí -
- Quizás en otro momento, relájate...

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